سورة البينة

بسم الله الرحمن الرحيم

  1. لَمْ يَكُنِ الَّذِينَ كَفَرُوا مِنْ أَهْلِ الْكِتَابِ وَالْمُشْرِكِينَ مُنفَكِّينَ حَتَّى تَأْتِيَهُمُ الْبَيِّنَةُ

  2. رَسُولٌ مِّنَ اللَّهِ يَتْلُو صُحُفًا مُّطَهَّرَةً

  3. فِيهَا كُتُبٌ قَيِّمَةٌ

  4. وَمَا تَفَرَّقَ الَّذِينَ أُوتُوا الْكِتَابَ إِلَّا مِن بَعْدِ مَا جَاءتْهُمُ الْبَيِّنَةُ

  5. وَمَا أُمِرُوا إِلَّا لِيَعْبُدُوا اللَّهَ مُخْلِصِينَ لَهُ الدِّينَ حُنَفَاء وَيُقِيمُوا الصَّلَاةَ وَيُؤْتُوا الزَّكَاةَ وَذَلِكَ دِينُ الْقَيِّمَةِ

  6. إِنَّ الَّذِينَ كَفَرُوا مِنْ أَهْلِ الْكِتَابِ وَالْمُشْرِكِينَ فِي نَارِ جَهَنَّمَ خَالِدِينَ فِيهَا أُوْلَئِكَ هُمْ شَرُّ الْبَرِيَّةِ

  7. إِنَّ الَّذِينَ آمَنُوا وَعَمِلُوا الصَّالِحَاتِ أُوْلَئِكَ هُمْ خَيْرُ الْبَرِيَّةِ

  8. جَزَاؤُهُمْ عِندَ رَبِّهِمْ جَنَّاتُ عَدْنٍ تَجْرِي مِن تَحْتِهَا الْأَنْهَارُ خَالِدِينَ فِيهَا أَبَدًا رَّضِيَ اللَّهُ عَنْهُمْ وَرَضُوا عَنْهُ ذَلِكَ لِمَنْ خَشِيَ رَبَّهُ

 

Sura 98

Al-Baiyina  (La Evidencia De La Verdad)

Período incierto


Mientras que algunas autoridades opinan que este sura pertenece al período de Medina, muchas otras lo consideran una revelación tardía de Mecca. La palabra clave por la que es designado se encuentra al final de su primer versículo.


En el Nombre de Dios, el Más Misericordioso, el Dispensador de Gracia:

(1) No es [concebible] que quienes se empeñan en negar la verdad –[ya sean] de los seguidores de una revelación anterior o de quienes atribuyen divinidad a algo junto con Dios[1] --sean abandonados jamás [por Él] antes de que les haya llegado la evidencia [concluyente] de la verdad: (2) un enviado de Dios, que [les] transmita revelaciones puras, (3) en las que hay ordenanzas de probada solidez y claridad.[2]

(4) Pero aquellos a quienes se dio la revelación con anterioridad[3] rompieron su unidad [en la fe] después de haberles llegado esa evidencia de la verdad.[4]

(5) Y sin embargo, no se les ordenó sino que adoraran a Dios, sinceros en su fe en Él solo, apartándose de todo lo falso;[5] y que fueran constantes en la oración, y gastaran en limosnas:[6] pues esta es una ley moral de probada solidez y claridad.[7]

(6) En verdad, los que [contra toda evidencia] se empeñan en negar la verdad[8] --[ya sean] de los seguidores de una revelación anterior o de los que atribuyen divinidad a algo junto con Dios—estarán en el fuego del infierno, en donde morarán: ésos son lo peor de todas las criaturas.

(7) [Y,] en verdad, los que han llegado a creer y hacen buenas obras—ésos, precisamente, son lo mejor de todas las criaturas.

(8) Su recompensa [les aguarda] junto a su Sustentador: jardines de felicidad perpetua por los que corren arroyos, en los que morarán más allá del cómputo del tiempo; Dios está complacido con ellos, y ellos están complacidos de Él: ¡todo esto aguarda a quien teme a su Sustentador!



[1] E.d., idólatras o animistas (en el sentido antropológico de esta palabra) que no han tenido nunca una escritura revelada.

[2] Esta segunda connotación está implícita en el adjetivo qáyima en este contexto (Rasi). – Este pasaje ha presentado ciertas dificultades a los comentaristas clásicos por el participio munfakkin en su primer versículo. Se entiende comúnmente que este participio, en combinación con la frase lam iakún al inicio del versículo, denota “no renunciaron” o “no podían renunciar a” o “desistir de” –e.d., supuestamente, de sus creencias erróneas—“hasta que les llegó la evidencia de la verdad” en la persona del Profeta Muhámmad y en la revelación del Qur’án: esto da a entender que una vez llegada la evidencia abandonaron sus creencias falsas. Esta suposición no se sostiene sin embargo por dos razones: primera, porque es sabido que no todos los extraviados entre los ahl al-kitab y los mushrikín aceptaron el mensaje del Qur’án cuando les fue transmitido; y, segunda, porque se dice en el versículo 4 que los ahl al-kitab “rompieron su unidad [en la fe]” –e.d., quebrantaron los principios fundamentales de esa fe—después de haberles llegado “la evidencia de la verdad”. Esta contradicción aparente ha sido resuelta de forma convincente nada menos que por Ibn Taimiya (véase Tafsir Sitt Siwar, pp. 391 ss.), y en mi traducción he seguido su interpretación de estos tres versículos. Según Ibn Taimiya, la frase central lam iakún munfakkin no denota “no renunciaron” o “no desistieron”, sino, más bien “no son abandonados” –e.d., condenados por Dios—a menos, y hasta, que les sea mostrado el camino recto por un profeta enviado por Dios, y luego, conscientemente, hayan rehusado seguirle: y esto coincide con numerosas afirmaciones en el Qur’án en el sentido de que Dios no llama a nadie a rendir cuentas por sus creencias y acciones erróneas a menos que le haya sido aclarado previamente el verdadero significado del bien y del mal (cf. 6:131-132 y el párrafo segundo de 17:15, así como las notas correspondientes). De ahí que la referencia susodicha a “la evidencia de la verdad” no se refiera únicamente al Qur’án y al Profeta Muhámmad sino también a todos los profetas y revelaciones anteriores (cf. 42:13 y las notas 12-14 correspondientes) –igual que las “ordenanzas de probada solidez y claridad” (que se detallan en el versículos 5 más abajo) son comunes a todos los mensajes inspirados por Dios, de los cuales el Qur’án es la expresión final y más perfecta.

[3] Esta definición es general y comprende a los seguidores de todas las enseñanzas religiosas reveladas antes de la llegada del Profeta Muhámmad (Ibn Kazir), y no sólo a judíos y cristianos –como suponen algunos comentaristas. (Véanse también las notas 12 y 13 a 3:19.)

[4] E.d., la mayoría se apartaron de las enseñanzas de los profetas que les fueron enviados, todos los cuales predicaron las mismas verdades fundamentales (véase el versículo siguiente y la nota 6 más abajo).

[5] Acerca de esta traducción de hunafa’ (sing. hanif), véase sura 2, nota 110.

[6] Dado que el término sakat tiene aquí obviamente un significado más amplio que el impuesto que los musulmanes están obligados a pagar (y que, como su nombre indica, cumple la función de purificar sus ingresos y bienes de la lacra del egoísmo), he traducido esa frase en el sentido más general de “gastar en [e.d., dar] limosnas”.

[7] Con respecto a la connotación de “ley moral” en el término din, véase la nota 3 a 109:6; el calificativo al-qaiyima (en genitivo) tiene aquí el mismo significado que el adjetivo qaiyima al final del versículo 3. La definición susodicha de la ley moral esboza, en forma resumida, todas las exigencias básicas de la religión verdadera: reconocimiento de la unidad y unicidad de Dios e, implícitamente, de la responsabilidad del hombre hacia Él; abandono de todos los falsos conceptos, valores y creencias, de toda sobrevaloración de uno mismo, y de toda superstición; y, finalmente, amabilidad y caridad para con todas las criaturas de Dios.

[8] A saber, los principios axiomáticos formulados en el versículo anterior como principio y fin de toda ley moral.