سورة العلق

بسم الله الرحمن الرحيم

  1. اقْرَأْ بِاسْمِ رَبِّكَ الَّذِي خَلَقَ

  2. خَلَقَ الْإِنسَانَ مِنْ عَلَقٍ

  3. اقْرَأْ وَرَبُّكَ الْأَكْرَمُ

  4. الَّذِي عَلَّمَ بِالْقَلَمِ

  5. عَلَّمَ الْإِنسَانَ مَا لَمْ يَعْلَمْ

  6. كَلَّا إِنَّ الْإِنسَانَ لَيَطْغَى

  7. أَن رَّآهُ اسْتَغْنَى

  8. إِنَّ إِلَى رَبِّكَ الرُّجْعَى

  9. أَرَأَيْتَ الَّذِي يَنْهَى

  10. عَبْدًا إِذَا صَلَّى

  11. أَرَأَيْتَ إِن كَانَ عَلَى الْهُدَى

  12. أَوْ أَمَرَ بِالتَّقْوَى

  13. أَرَأَيْتَ إِن كَذَّبَ وَتَوَلَّى

  14. أَلَمْ يَعْلَمْ بِأَنَّ اللَّهَ يَرَى

  15. كَلَّا لَئِن لَّمْ يَنتَهِ لَنَسْفَعًا بِالنَّاصِيَةِ

  16. نَاصِيَةٍ كَاذِبَةٍ خَاطِئَةٍ

  17. فَلْيَدْعُ نَادِيَه

  18. سَنَدْعُ الزَّبَانِيَةَ

  19. كَلَّا لَا تُطِعْهُ وَاسْجُدْ وَاقْتَرِبْ

 

Sura 96

Al-Aalaq  (La Célula Embrionaria)

Período de Mecca


No hay duda de que los cinco primeros versículos de este sura representan el inicio mismo de la revelación del Qur’án. Aunque su fecha exacta no puede ser determinada con certeza, todas las autoridades coinciden en que estos cinco primeros versículos fueron revelados en el último tercio del mes de Ramadán, trece años antes de la hégira (correspondiente a Julio o Agosto del año 610 de la era cristiana). Muhámmad contaba entonces cuarenta años. En ese período de su vida “la soledad se le había hecho muy querida, y solía retirarse a una cueva del monte Hira’ [cerca de Mecca] donde se entregaba a intensas devociones” que consistían en largas vigilias y oraciones (Bujari). Una noche, el Angel de la Revelación se le apareció de repente y le dijo: “¡Lee!”  Muhámmad pensó en un principio que se le pedía que leyera un texto escrito, algo que, por ser iletrado, no podía hacer; así que respondió: “No sé leer” –entonces, según sus propias palabras, el ángel “me cogió y me apretó contra sí hasta que me abandonaron mis fuerzas; luego me soltó y dijo: ‘¡Lee!’ Respondí: ‘No sé leer....’ Entonces me cogió por segunda vez y me apretó contra sí hasta que me abandonaron mis fuerzas; luego me soltó y dijo: ‘¡Lee!’ –a lo que [de nuevo] respondí: ‘No sé leer....’ Entonces me cogió y me apretó contra sí por tercera vez; luego me soltó y dijo: ‘¡Lee en el nombre de tu Sustentador, que ha creado --ha creado al hombre de una célula embrionaria! ¡Lee --que tu Sustentador es el Más Generoso...’ ”: y entonces Muhámmad entendió, por iluminación repentina, que se le exhortaba a “leer”, es decir, a recibir y comprender el mensaje de Dios al hombre.

   Los anteriores extractos proceden del tercer hadiz de la sección Bad’ al-Wahí, que forma la introducción al Sahih de Bujari; en otros dos lugares del Bujari, así como en Muslim, Nasa’i y Tirmidi pueden encontrarse versiones casi idénticas de este hadiz.

   Los versículos 6-19 de este sura pertenecen a una fecha algo posterior.


En el Nombre de Dios, el Más Misericordioso, el Dispensador de Gracia:

 (1) ¡Lee[1] en el nombre de tu Sustentador, que ha creado –(2) ha creado al hombre de una célula embrionaria![2]

(3) ¡Lee –que tu Sustentador es el Más Generoso! (4) Ha enseñado [al hombre] el uso de la pluma --(5) enseñó al hombre lo que no sabía.[3]

(6) ¡Pero no! En verdad, el hombre se vuelve sumamente soberbio (7) cuando se cree autosuficiente: (8) ciertamente, todos habrán de retornar a su Sustentador.[4]

(9) ¿Has visto a ese que trata de impedir (10) que un siervo [de Dios] rece?[5]

(11) ¿Has visto si está en el camino recto, (12) o si llama a la conciencia de Dios?[6]

(13) ¿Has visto si [no] está desmintiendo la verdad y apartándose [de ella]?[7]

(14) ¿No sabe, pues, que Dios ve [todo]?

(15) ¡No! ¡Si no cesa, le arrastraremos sobre su frente[8] --(16) esa frente mentirosa, rebelde!—(17) y que llame luego [en su auxilio] a los defensores de su [falaz] sabiduría,[9] (18) ¡que Nosotros llamaremos a las fuerzas del castigo celestial!

(19) ¡No! ¡No le obedezcas, sino póstrate [ante Dios] y busca proximidad [a Él]!


[1] Sc., “esta escritura divina”. El imperativo iqra puede traducirse por “lee” o “recita”. La primera traducción me parece preferible con mucho en este contexto ya que el concepto de “recitar” implica sólo la enunciación verbal –con o sin comprensión—de algo escrito o presente en la memoria, mientras que “leer” supone primordialmente una absorción consciente –con o sin enunciación audible, pero con intención de comprender—de palabras e ideas recibidas de una fuente externa: en este caso, el mensaje del Qur’án.

[2] El uso del verbo jalaqa en pasado en estos dos versículos quiere indicar que el acto de la creación (jalq) divina se ha repetido y se repite continuamente. Es también digno de mención que esta primera revelación coránica alude a la evolución embrionaria del hombre a partir de una “célula embrionaria” –e.d., de un óvulo fecundado—para contrastar así sus simples y primitivos orígenes biológicos con su potencial intelectual y espiritual: un contraste que apunta claramente a la existencia de un designio y un propósito conscientes que subyacen en la creación de la vida.

[3] “La pluma” simboliza aquí el arte de la escritura o, más correctamente, todo el conocimiento recogido por medio de la escritura: y esto explica la orden simbólica “¡Lee!” al comienzo de los versículos 1-3. La capacidad exclusiva del hombre para transmitir, por medio de textos escritos, sus pensamientos, experiencias e intuiciones de un individuo a otro, de una generación a otra, y entre civilizaciones, da al conocimiento humano un carácter acumulativo; y puesto que, gracias a este don divino, cada ser humano participa, de un modo u otro, de la continua acumulación de conocimiento por parte de la humanidad, se dice que “Dios ha enseñado” al hombre cosas que un individuo no sabe –ni, de hecho, podría saber—por sí mismo. (Este doble énfasis en la total dependencia del hombre en Dios, que le crea como un ente biológico e implanta en él la voluntad y la capacidad de adquirir conocimiento, recibe su acento final, por así decirlo, en los tres versículos siguientes.) Así mismo, esta “enseñanza” de Dios denota también Su revelación, por medio de los profetas, de verdades espirituales y criterios morales que la experiencia y la razón humanas no podrían por sí solas determinar inequívocamente: y abarca, por consiguiente, el fenómeno mismo de la revelación divina.

[4] Lit., “a tu Sustentador es el retorno (ar-ruyaá)”. Este sustantivo tiene una doble implicación: “todos comparecerán inexorablemente ante Dios para ser juzgados” y también, “todo cuanto existe retorna a Dios, que es su fuente”. En el análisis final, la declaración contenida en los versículos 6-8 expresa el rechazo, por absurda, de la idea de que el hombre pueda llegar a ser autosuficiente y, por ende, “dueño de su propio destino”; implica, así mismo, que todos los conceptos morales –es decir, toda discriminación entre el bien y el mal, o entre lo correcto y lo erróneo—va unida indisolublemente al concepto de responsabilidad del hombre ante un Poder Supremo: en otras palabras, sin ese sentimiento de responsabilidad –consciente o inconsciente—el concepto de “moralidad” pierde todo su significado.

[5] Lit., “que prohibe a un siervo [de Dios] rezar”, lo que denota un intento de impedir tal acción. Dado que esto parece referirse a la oración en público, la mayoría de los comentaristas clásicos ven en este pasaje (revelado al menos un año después que los primeros cinco versículos) una alusión a Abu Yahl, el más enconado adversario del Profeta en Mecca, que trató siempre de impedir que Muhámmad y sus seguidores rezaran ante la Kaaba. No obstante, es indudable que el sentido de este pasaje va más allá de cualquier incidente histórico o situación, y que es aplicable a todos los intentos, en cualquier época, por negar a la religión (simbolizada aquí por el término “rezar”) su legítima función en la formación de la vida social –intentos inspirados en la convicción de que la religión es un “asunto privado” del individuo y que, por tanto, no debe consentirse que “interfiera” en el terreno de las consideraciones sociales o, alternativamente, con la ilusión de que el hombre está libre de la necesidad de una guía metafísica.

[6] Lit., “u ordena la conciencia de Dios (taqwa)” –e.d., si su propósito es hacer más profunda la conciencia de Dios en otros mediante su insistencia en que la religión es un asunto puramente personal; la conclusión obvia es que no es ese su objetivo, y que no está en la vía recta al pensar y actuar como lo hace. – En todo este trabajo, el término taqwa –del que esta es la primera mención en la cronología de la revelación coránica—ha sido traducido por “conciencia de Dios”, e igual significado se asigna a las formas verbales de las que se deriva este sustantivo. (Véase también sura 2, nota 2.)

[7] Sc., “porque su arrogancia le impide aceptarla”.

[8] Lit., “por su copete” --una antigua expresión árabe que denota el total sometimiento y humillación de una persona (véase 11:56 y la nota 80 correspondiente). Sin embargo, como señala Rasi, el término “copete” (násiya) se emplea aquí como metonimia por el “lugar” en el que crece el copete, e.d., la frente (cf. también Tach al-Aarús).

[9] Lit., “su consejo”. Según los comentaristas que tienden a interpretar versículos como este en términos puramente históricos, pudiera tratarse de una referencia al tradicional consejo de ancianos (dar an-nadwa) de Mecca en tiempos del paganismo; sin embargo, es más probable, en mi opinión, que se trate de una alusión a la arrogancia que con frecuencia lleva al hombre al engaño de creerse “autosuficiente” (versículos 6-7 más arriba).