|
سورة العلق |
|
بسم الله الرحمن الرحيم
|
Sura
96
Al-Aalaq
(La Célula Embrionaria)
Período
de Mecca
No hay duda de que los cinco primeros versículos de este sura
representan el inicio mismo de la revelación del Qurán. Aunque su fecha
exacta no puede ser determinada con certeza, todas las autoridades coinciden en
que estos cinco primeros versículos fueron revelados en el último tercio del
mes de Ramadán, trece años antes de la hégira (correspondiente a Julio o
Agosto del año 610 de la era cristiana). Muhámmad contaba entonces cuarenta años.
En ese período de su vida la soledad se le había hecho muy querida, y solía
retirarse a una cueva del monte Hira [cerca de Mecca] donde se entregaba a
intensas devociones que consistían en largas vigilias y oraciones (Bujari).
Una noche, el Angel de la Revelación se le apareció de repente y le dijo: ¡Lee!
Muhámmad pensó en un principio que se le pedía que leyera un texto
escrito, algo que, por ser iletrado, no podía hacer; así que respondió: No
sé leer entonces, según sus propias palabras, el ángel me cogió y
me apretó contra sí hasta que me abandonaron mis fuerzas; luego me soltó y
dijo: ¡Lee! Respondí: No sé leer.... Entonces me cogió por
segunda vez y me apretó contra sí hasta que me abandonaron mis fuerzas; luego
me soltó y dijo: ¡Lee! a lo que [de nuevo] respondí: No sé
leer.... Entonces me cogió y me apretó contra sí por tercera vez; luego me
soltó y dijo: ¡Lee en el nombre de tu Sustentador, que ha creado --ha
creado al hombre de una célula embrionaria! ¡Lee --que tu Sustentador es el Más
Generoso... : y entonces Muhámmad entendió, por iluminación repentina,
que se le exhortaba a leer, es decir, a recibir y comprender el mensaje de
Dios al hombre.
Los anteriores extractos proceden del tercer hadiz
de la sección Bad al-Wahí, que forma la introducción al Sahih de Bujari; en otros dos lugares del Bujari, así como en
Muslim, Nasai y Tirmidi pueden encontrarse versiones casi idénticas de este hadiz.
Los versículos 6-19 de este sura pertenecen a una
fecha algo posterior.
En
el Nombre de Dios, el Más Misericordioso, el Dispensador de Gracia:
(1) ¡Lee[1] en el nombre de tu Sustentador, que ha creado (2) ha creado al hombre de una célula embrionaria![2]
(3) ¡Lee que tu Sustentador es el Más Generoso! (4) Ha enseñado [al hombre] el uso de la pluma --(5) enseñó al hombre lo que no sabía.[3]
(6) ¡Pero no! En verdad, el hombre se vuelve sumamente soberbio (7) cuando se cree autosuficiente: (8) ciertamente, todos habrán de retornar a su Sustentador.[4]
(9) ¿Has visto a ese que trata de impedir (10) que un siervo [de Dios] rece?[5]
(11) ¿Has visto si está en el camino recto, (12) o si llama a la conciencia de Dios?[6]
(13) ¿Has visto si [no] está desmintiendo la verdad y apartándose [de ella]?[7]
(14) ¿No sabe, pues, que Dios ve [todo]?
(15) ¡No! ¡Si no cesa, le arrastraremos sobre su frente[8] --(16) esa frente mentirosa, rebelde!(17) y que llame luego [en su auxilio] a los defensores de su [falaz] sabiduría,[9] (18) ¡que Nosotros llamaremos a las fuerzas del castigo celestial!
(19) ¡No! ¡No le obedezcas, sino póstrate [ante Dios] y busca proximidad [a Él]!
[1]
Sc., esta escritura divina. El imperativo iqra
puede traducirse por lee o recita. La primera traducción me
parece preferible con mucho en este contexto ya que el concepto de
recitar implica sólo la enunciación verbal con o sin comprensiónde
algo escrito o presente en la memoria, mientras que leer supone
primordialmente una absorción consciente con o sin enunciación audible,
pero con intención de comprenderde palabras e ideas recibidas de una
fuente externa: en este caso, el mensaje del Qurán.
[2]
El uso del verbo jalaqa en pasado
en estos dos versículos quiere indicar que el acto de la creación (jalq)
divina se ha repetido y se repite continuamente. Es también digno de mención
que esta primera revelación coránica alude a la evolución embrionaria del
hombre a partir de una célula embrionaria e.d., de un óvulo
fecundadopara contrastar así sus simples y primitivos orígenes biológicos
con su potencial intelectual y espiritual: un contraste que apunta
claramente a la existencia de un designio y un propósito conscientes que
subyacen en la creación de la vida.
[3]
La pluma simboliza aquí el arte de la escritura o, más
correctamente, todo el conocimiento recogido por medio de la escritura: y
esto explica la orden simbólica ¡Lee! al comienzo de los versículos
1-3. La capacidad exclusiva del hombre para transmitir, por medio de textos
escritos, sus pensamientos, experiencias e intuiciones de un individuo a
otro, de una generación a otra, y entre civilizaciones, da al conocimiento
humano un carácter acumulativo; y puesto que, gracias a este don divino,
cada ser humano participa, de un modo u otro, de la continua acumulación de
conocimiento por parte de la humanidad, se dice que Dios ha enseñado
al hombre cosas que un individuo no sabe ni, de hecho, podría
saberpor sí mismo. (Este doble énfasis en la total dependencia del
hombre en Dios, que le crea como un ente biológico e implanta en él la
voluntad y la capacidad de adquirir conocimiento, recibe su acento final,
por así decirlo, en los tres versículos siguientes.) Así mismo, esta
enseñanza de Dios denota también Su revelación, por medio de los
profetas, de verdades espirituales y criterios morales que la experiencia y
la razón humanas no podrían por sí solas determinar inequívocamente: y
abarca, por consiguiente, el fenómeno mismo de la revelación divina.
[4]
Lit., a tu Sustentador es el retorno (ar-ruyaá).
Este sustantivo tiene una doble implicación: todos comparecerán
inexorablemente ante Dios para ser juzgados y también, todo cuanto
existe retorna a Dios, que es su fuente. En el análisis final, la
declaración contenida en los versículos 6-8 expresa el rechazo, por
absurda, de la idea de que el hombre pueda llegar a ser autosuficiente y,
por ende, dueño de su propio destino; implica, así mismo, que todos
los conceptos morales es decir, toda discriminación entre el bien y el
mal, o entre lo correcto y lo erróneova unida indisolublemente al
concepto de responsabilidad del hombre ante un Poder Supremo: en otras
palabras, sin ese sentimiento de responsabilidad consciente o
inconscienteel concepto de moralidad pierde todo su significado.
[5]
Lit., que prohibe a un siervo [de Dios] rezar, lo que denota un intento
de impedir tal acción. Dado que esto parece referirse a la oración en
público, la mayoría de los comentaristas clásicos ven en este pasaje
(revelado al menos un año después que los primeros cinco versículos) una
alusión a Abu Yahl, el más enconado adversario del Profeta en Mecca, que
trató siempre de impedir que Muhámmad y sus seguidores rezaran ante la
Kaaba. No obstante, es indudable que el sentido de este pasaje va más allá
de cualquier incidente histórico o situación, y que es aplicable a todos
los intentos, en cualquier época, por negar a la religión (simbolizada aquí
por el término rezar) su legítima función en la formación de la
vida social intentos inspirados en la convicción de que la religión es
un asunto privado del individuo y que, por tanto, no debe consentirse
que interfiera en el terreno de las consideraciones sociales o,
alternativamente, con la ilusión de que el hombre está libre de la
necesidad de una guía metafísica.
[6]
Lit., u ordena la conciencia de Dios (taqwa)
e.d., si su propósito es hacer más profunda la conciencia
de Dios en otros mediante su insistencia en que la religión es un
asunto puramente personal; la conclusión obvia es que no es ese su
objetivo, y que no está en la vía recta al pensar y actuar como lo hace.
En todo este trabajo, el término taqwa
del que esta es la primera mención en la cronología de la revelación
coránicaha sido traducido por conciencia de Dios, e igual
significado se asigna a las formas verbales de las que se deriva este
sustantivo. (Véase también sura 2, nota 2.)
[7]
Sc., porque su arrogancia le impide aceptarla.
[8]
Lit., por su copete --una antigua expresión árabe que denota el
total sometimiento y humillación de una persona (véase 11:56 y la nota 80
correspondiente). Sin embargo, como señala Rasi, el término copete (násiya)
se emplea aquí como metonimia por el lugar en el que crece el copete,
e.d., la frente (cf. también Tach al-Aarús).
[9]
Lit., su consejo. Según los comentaristas que tienden a interpretar
versículos como este en términos puramente históricos, pudiera tratarse
de una referencia al tradicional consejo de ancianos (dar
an-nadwa) de Mecca en tiempos del paganismo; sin embargo, es más
probable, en mi opinión, que se trate de una alusión a la arrogancia que
con frecuencia lleva al hombre al engaño de creerse autosuficiente
(versículos 6-7 más arriba).