سورة الشمس

بسم الله الرحمن الرحيم

  1. وَالشَّمْسِ وَضُحَاهَا

  2. وَالْقَمَرِ إِذَا تَلَاهَا

  3. وَالنَّهَارِ إِذَا جَلَّاهَا

  4. وَاللَّيْلِ إِذَا يَغْشَاهَا

  5. وَالسَّمَاء وَمَا بَنَاهَا

  6. وَالْأَرْضِ وَمَا طَحَاهَا

  7. وَنَفْسٍ وَمَا سَوَّاهَا

  8. فَأَلْهَمَهَا فُجُورَهَا وَتَقْوَاهَا

  9. قَدْ أَفْلَحَ مَن زَكَّاهَا

  10. وَقَدْ خَابَ مَن دَسَّاهَا

  11. كَذَّبَتْ ثَمُودُ بِطَغْوَاهَا

  12. إِذِ انبَعَثَ أَشْقَاهَا

  13. فَقَالَ لَهُمْ رَسُولُ اللَّهِ نَاقَةَ اللَّهِ وَسُقْيَاهَا

  14. فَكَذَّبُوهُ فَعَقَرُوهَا فَدَمْدَمَ عَلَيْهِمْ رَبُّهُم بِذَنبِهِمْ فَسَوَّاهَا

  15. وَلَا يَخَافُ عُقْبَاهَا

 

Sura 91

Ash-Shams  (El Sol)

Período de Mecca


La palabra clave por la que ha sido siempre identificado este sura aparece en su primer versículo. Según el consenso general, fue revelado poco después que el sura 97 (Al-Qadr).


En el Nombre de Dios, el Más Misericordioso, el Dispensador de Gracia:

 (1) ¡Considera el sol y su radiante esplendor, (2) y la luna cuando refleja su luz![1]

(3) ¡Considera el día cuando descubre el mundo,[2] y la noche cuando lo cubre de oscuridad!

(5) ¡Considera el cielo y su maravillosa creación,[3] (6) y la tierra y su vasta extensión!

(7) ¡Considera al ser del hombre,[4] y cómo está formado con arreglo a su función,[5] (8) y cómo está imbuido de flaquezas morales y también de conciencia de Dios![6]

(9) Dichoso será, en verdad, quien purifique este [ser], (10) y realmente perdido estará quien lo cubra [de oscuridad].

(11) Desmintió esta [verdad la tribu de] Zamud, en su desmedida arrogancia,[7] (12) cuando el más desdichado de ellos se adelantó [a cometer su malvada acción], (13) aunque el enviado de Dios les había dicho: “¡Es una camella de Dios; dejad, pues, que beba [y no le hagáis daño]!”[8]

(14) Pero le desmintieron y la sacrificaron cruelmente[9] --y entonces su Sustentador los aniquiló totalmente por su pecado, y arrasó con todos ellos: (15) pues ninguno [de ellos] temió lo que pudiera ocurrirles.[10]


[1] Lit., “cuando le sigue (talaha)”, e.d., al sol. Según el gran filólogo Al-Farra’, que vivió en el siglo II de la hégira, “el significado es que la luna deriva su luz del sol” (citado por Rasi). Esta es también la interpretación de Raguib a esa frase.

[2] Lit., “lo descubre” –este pronombre indica evidentemente “el mundo” o “la tierra” (Samajshari). Hay que destacar el énfasis en los versículos 1-10 de la polaridad –física y espiritual—inherente en toda la creación y que contrasta con la unidad y la unicidad del Creador.

[3] Lit., “y lo que ha construido” –e.d., las maravillosas características de las que emana la armonía y consistencia del universo visible (que es obviamente el significado del término sama’ en este contexto). Así mismo, la siguiente referencia a la tierra, que dice literalmente: “lo que la ha extendido”, es evidentemente una alusión a las características de las que emana la belleza y la variedad que muestra en toda su extensión.

[4] Como en muchos otros lugares, el término nafs, que posee un espectro de significados muy amplio (véase la primera cláusula de la nota 1 a 4:1), denota aquí al ser o personalidad del hombre en su conjunto: es decir, un ser compuesto de cuerpo físico y de esa esencia vital inexplicable, descrita vagamente como “alma”.

[5] Lit., “y lo que la ha hecho [o “formado”] (sawwaha) con arreglo a...”, etc. Acerca de esta connotación particular del verbo sawwa, véase la nota 1 a 87:2, que es donde se menciona por primera vez en el Qur’án con este sentido. La referencia al hombre y a lo que constituye la “personalidad humana”, así como la alusión implícita al fenómeno, extremadamente complejo, de un ente vivo en el que las necesidades e impulsos físicos, las emociones y las actividades intelectuales se encuentran tan íntimamente interconectadas que son inseparables, resulta lógica después de una llamada a considerar la inexplicable grandeza del universo –en la medida en que el hombre puede percibirlo y abarcarlo—como una prueba elocuente del poder creador de Dios.

[6] Lit., “y [considera] lo que le ha inspirado sus actos inmorales (fuyúraha) y su conciencia de Dios (taqwaha)” –e.d., el hecho de que el hombre sea capaz de elevarse a las mayores cimas espirituales y, así mismo, de caer en la peor inmoralidad es una característica esencial de la naturaleza humana. En su sentido más profundo, la capacidad del hombre para obrar mal discurre pareja a su capacidad para obrar bien: en otras palabras, es esta polaridad inherente en sus tendencias lo que confiere valor a una elección “correcta” y es, por consiguiente, lo que dota al hombre de su libre albedrío moral (cf. con relación a esto la nota 16 a 7:24-25).

[7] Acerca de la historia de Zamud, mencionada aquí como ilustración de la maldad potencial del hombre, véanse 7:73-79 y las notas correspondientes.

[8] En cuanto a esta “camella de Dios”, véase sura 7, nota 57. Acerca de la referencia específica a la orden: “Dejad que beba”, véase 26:155 y la nota 67 correspondiente. La formulación de este pasaje indica que la leyenda de la camella era bien conocida en la Arabia pre-islámica.

[9] Acerca de esta traducción de aaqaruha, véase la nota 61 a 7:77.

[10] Dando a entender que su falta total de compasión hacia las criaturas de Dios demostraba que no temían Su castigo y que, por tanto, no creían realmente en Él.