Muhammad,
su vida
basada en las fuentes más antiguas
Capítulo 3El Quraysh de la hondonada |
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UNA
de las tribus árabes más poderosas
descendientes de Abraham era la de Quraysh.
Alrededor de cuatrocientos años después
de Cristo, un hombre de Quraysh llamado
Qusayy se casó con una hija de Hulayl,
que entonces era el jefe de los Juzaah.
Hulayl prefería su yerno a sus propios
hijos porque Qusayy destacaba entre los árabes
de su tiempo; y al morir Hulayl, después
de una violenta batalla que concluyó en
arbitraje, se acordó que Qusayy debía
gobernar la Meca y ser el guardián de la
Kaabah. El,
por consiguiente, se trajo a sus parientes
más cercanos de entre los qurayshíes y
los asentó en el valle, junto al
Santuario: su hermano Zuhrah, su tío Taym,
Majzum, el hijo de otro tío, y uno o dos
primos menos cercanos. Estos y su
descendencia fueron conocidos como el
Quraysh de la Hondonada; mientras que a
los parientes más lejanos de Qusayy,
establecidos en los barrancos de las
colinas circundantes y en los campos, más
allá de la ciudad, se les conoció como
el Quraysh de los alrededores. Qusayy
gobernó como rey sobre todos ellos, con
poder indiscutido, y cada año le pagaban
un tributo por sus rebaños para poder
alimentar a los peregrinos que eran
demasiado pobres para abastecerse ellos
mismos. Hasta entonces los guardianes
del Santuario habían vivido en tiendas en
torno a éste, pero Qusayy les dijo que se
construyeran casas, habiéndose ya él
edificado una espaciosa morada que era
conocida como la Casa de la Asamblea. Reinaba
la armonía, pero la simiente de la
discordia estaba a punto de ser sembrada.
Una acusada característica del linaje de
Qusayy era que en cada generación hubiese
un hombre de preeminencia indiscutible.
Entre los cuatro hijos de Qusayy este
hombre era Abdu Manaf, que ya recibía
honores en vida de su padre. Pero Qusayy
prefería a su primogénito, Abd al-Dar,
aunque era el menos capacitado de
todos; y poco antes de su muerte le dijo:
"Hijo mío, igualaré tu rango al de
los otros a pesar de que los hombres les
honran más que a ti. Nadie entrará en la
Kaabah excepto a quien tú se la abras,
ninguna mano salvo la tuya anudará para
el Quraysh su insignia de guerra, ni ningún
peregrino extraerá agua para beber en la
Meca si tú no le das el derecho para
ello, ni comerá alimento si no es
suministrado por ti, ni el Quraysh decidirá
sobre ningún asunto si no es en tu
casa."1
Habiéndole así investido con todos
sus derechos y poderes, le transfirió la
propiedad de la Casa de la Asamblea. Por
devoción filial, Abdu Manaf aceptó sin
discutir los deseos de su padre; pero en
la generación siguiente la mitad del
Quraysh se agrupó alrededor del hijo de
Abdu Manaf, Hashim, sin duda el hombre más
notable de su tiempo, y exigió que los
derechos fueran transferidos del clan de
Abd al-Dar a su clan. A Hashim y a sus
hermanos los apoyaban los descendientes
de Zuhra y Jaym, al igual que los
descendientes de Qusayy excepto los de la
línea mayor. Los descendientes de Majzum
y de otros primos lejanos mantenían que
los derechos debían permanecer en la
familia de Abd al-Dar. Los sentimientos se
excitaron tanto que las mujeres del clan
de Abdu Manaf llevaron junto a la Kaabah
una jofaina llena de rico perfume, y
Hashim y sus hermanos y todos los aliados
mojaron en ella sus manos y juraron
solemnemente que nunca se abandonarían
los unos a los otros, frotando sus manos
perfumadas sobre las piedras de la Kaabah
para confirmar su pacto. Fue así como
este grupo de clanes fue conocido como los
Perfumados. Los aliados de Abd al-Dar
hicieron igualmente juramento de unión, y
se les conoció como los Confederados. La
violencia estaba estrictamente prohibida
no sólo en el Santuario sino también
dentro de un amplio círculo de varias
millas de diámetro alrededor de la Meca. Los
dos bandos estaban a punto de salir del
recinto sagrado para entablar una
batalla a muerte cuando se sugirió un
compromiso, y se acordó que los hijos de
.Abdu Manaf deberían tener los derechos
de cobrar tributo y proveer a los
peregrinos de alimento y bebida, mientras
que los hijos de Abd al-Dar conservarían
las llaves de la Kaabah y sus otros
derechos, y que su casa continuaría
siendo la Casa de la Asamblea. Los
hermanos de Hashim se mostraron de acuerdo
en que él debía tener responsabilidad
del abastecimiento de los peregrinos.
Cuando se acercó la época de la
Peregrinación, Hashim se levantó en la
asamblea y dijo: "¡Oh, hombres de
Quraysh! vosotros sois los vecinos de
Dios, la gente de su Casa, y en esta
fiesta vienen a vosotros los visitantes de
Dios, los peregrinos, a su Casa. Son los
huéspedes de Dios y ningún huésped
tiene más derecho a vuestra generosidad
que Sus huéspedes. Si mi propia riqueza
fuese suficiente no os cargaría con
este peso." (1.1,87). Hashim
era tenido en gran honor, tanto en casa
como fuera de ella. Fue él quien
estableció los dos grandes trayectos de
caravanas que salían de la Meca, la
caravana de Invierno al Yemen y la
caravana de Verano al noroeste de Arabia,
y, más allá de ésta, a Palestina y
Siria, entonces bajo gobierno bizantino
como parte del Imperio Romano. Ambos
trayectos discurrían a lo largo de la
antigua ruta del incienso y una de las
primera paradas principales de las
caravanas de verano era el oasis de
Yathrib, a once jornadas en camello al
norte de la Meca. Este oasis había estado
en otro tiempo habitado principalmente por
judíos, pero ahora lo controlaba una
tribu árabe procedente de Arabia
meridional. Los judíos, sin embargo,
siguieron viviendo allí con notable
prosperidad, tomando parte en la vida
general de la comunidad a la vez que
mantenían su propia religión. Por lo que
se refiere a los árabes de Yathrib, tenían
ciertas tradiciones matriarcales y se les
conocía colectivamente como los hijos de
Qaylah, por uno de sus antepasados. Pero
ahora se habían ramificado en dos tribus
que se llamaban Aws y Jazrach, por los dos
hijos de Qaylah. Una
de las mujeres más influyentes de Jazrach
era Salma, la hija de Amr, del clan de
Nayyar, y Hashim le pidió que se casase
con él. Ella consintió a condición de
que el control de sus asuntos permaneciese
por completo en sus propias manos, y
cuando le dio un hijo mantuvo consigo al
niño en Yathrib alrededor de catorce años.
Hashim no sentía aversión por esto ya
que a pesar de la fiebre del oasis, que
era más un peligro para los visitantes
que para los que allí habitaban, el clima
era más sano que el de la Meca. Él, además,
iba a menudo a Siria y permanecía con
Salma y su hijo a la ida y a la vuelta.
Pero la vida de Hashim no estaba destinada
a ser larga. Durante uno de sus viajes
enfermó en Gaza, Palestina, y allí murió. Hashim tenía dos hermanos carnales, Abdu Shams y Muttalib, y un medio hermano, Nawfal. Abdu Shams se encontraba sumamente ocupado con el comercio en Yemen y, más tarde, también en Siria, mientras que Naiwfal no lo estaba menos en Iraq, también a causa del comercio, y ambos se ausentaban de la Meca durante largos períodos. Por éstas y quizás también por otras razones el hermano pequeño de Hashim, Muttalib, se hizo cargo de los derechos del abastecimiento de agua a los peregrinos y de recoger el tributo para alimentarlos, y ahora sintió que era su deber pensar sobre el asunto de su propio sucesor. Hashim había tenido tres hijos de otras esposas aparte de Salma. Pero si era cierto todo lo que se decía, ninguno de éstos, como tampoco ninguno de los hijos del propio Muttalib, podía compararse con el hijo de Salma. A pesar de su juventud, Shaybah, así le había llamado su madre, ya mostraba inequívocas dotes de mando y continuamente llegaban a la Meca excelentes informes de él traídos por viajeros que pasaban por el oasis. Finalmente, Muttalib fue a verlo, y lo que vio le incitó a solicitar a Salma que le confiase el cuidado de su sobrino. Salma no estaba dispuesta a dejar marchar a su hijo y el muchacho se negaba a abandonar su madre sin su consentimiento. Aun así, Muttalib no se desanimó e hizo ver a ambos, madre e hijo, que las posibilidades que podía ofrecer Yathrib no podían compararse con las de la Meca. Por su condición de custodios de la Casa Sagrada, el gran centro de peregrinación para toda Arabia, el Quraysh era considerado y respetado por encima de cualquier otra tribu árabe y era muy probable que Shaybah desempeñase un día la función que su padre había tenido, convirtiéndose así en uno de los jefes del Quraysh. Para ello tenía, en primer lugar, que integrarse en su gente. Ningún simple exiliado llegado de fuera podía alcanzar tal honor. Salma quedó impresionada por sus argumentos; además, sí su hijo se marchaba a la Meca le sería fácil visitarlo allí, del mismo modo que él podría visitarla; así pues, permitió que partiese. Muttalib montó a su sobrino consigo en el camello, y mientras cabalgaban hacia la Meca oyó que algunos curiosos decían al ver al joven desconocido: "Abd al-Muttalib", es decir, "el siervo de al-Muttalib". "Os equivocáis", dijo, "él es nada menos que el hijo de mi hermano Hashim". Las risas con que recibieron sus palabras no fueron sino el preludio de la diversión que se produjo en toda la ciudad cuando la historia de la metedura de pata corrió de boca en boca, y, desde aquel día, el joven fue conocido cariñosamente como Abd al-Muttalib. Poco
tiempo después de su llegada, se vio
envuelto en una disputa acerca de los
bienes de su padre con su tío Nawfal,
pero con la ayuda de su tío tutor y la
presión ejercida desde Yathrib, Abd al-Muttalib
pudo asegurar sus derechos. Y no iba a
decepcionar las esperanzas que su temprano
porvenir había despertado. Cuando,
después de varios años, falleció
Muttalib, nadie disputó la capacidad de
su sobrino para atender a los peregrinos.
Incluso se decía que sobrepasaba a su
padre y a su tío en el cumplimiento de su
labor. |