Muhammad,
su vida
basada en las fuentes más antiguas
Capítulo 27Abisinia |
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Los emigrantes fueron bien recibidos en Abisinia, y se les dio la libertad de culto. En total, sin contar a los niños pequeños que se llevaron consigo, eran unas ochenta personas; pero no todos se fueron al mismo tiempo. Su huida se planeó en secreto y se llevó a cabo discretamente en pequeños grupos. De haberlo sabido, sus familias hubieran querido y podido impedirles la marcha; pero el traslado había sido completamente inesperado y no supieron comprender lo que estaba ocurriendo hasta que todos los creyentes alcanzaron su destino. Los líderes del Quraysh, sin embargo, de ninguna manera estaban dispuestos a dejarlos en paz para que establecieran allí, más allá de su control, una comunidad peligrosa que podría decuplicar su número si otros conversos se le unían. Elaboraron, pues, un plan rápidamente y dispusieron cierta cantidad de obsequios del género que se sabia que los abisinios estimaban más. Por encima de todo apreciaban el trabajo del cuero, así pues reunieron gran número de finas pieles, suficientes para hacer un rico soborno a cada uno de Tos generales del Negus. Había también valiosos presentes para el Negus. Luego escogieron cuidadosamente a dos hombres, uno de los cuales era Amr ibn al-As, del clan de Sahm. El Quraysh les dijo lo que tenían que hacer exactamente; tenían que abordar a cada uno de los generales por separado, darles su obsequio y decirles: "Algunos necios jóvenes y mujeres de nuestro pueblo han tomado refugio en este reino. Han abandonado su propia religión, no por la vuestra, sino por una que se han inventado, una que nos es desconocida a nosotros y a vosotros mismos A causa de ellos los nobles de su pueblo nos han enviado a vuestro rey, para que él los devuelva a casa. En consecuencia, cuando habléis con él sobre ellos, aconsejadle que nos Tos entregue y que no hable con ellos, porque su pueblo entiende mejor cual es su situación." Los generales se mostraron todos de acuerdo, y los dos hombres del Quraysh llevaron sus presentes al Negus, pidiendo que se les entregaran los emigrados y explicando el porqué, tal como lo habían hecho a los generales, y añadiendo finalmente: "Los nobles de su pueblo, que son sus madres, sus tíos y sus parientes, te ruegan que se los devuelvas." Los generales se encontraban presentes en la audiencia y, entonces, al unísono, instaron al Negus a acceder a su petición y a entregar a los refugiados, ya que los parientes son los mejores jueces de los asuntos de sus parientes. Pero el Negus se disgustó y dijo: "¡No, por Dios, no serán traicionadas unas personas que han buscado mi protección, han hecho de mi país su morada y me han elegido por encima de todos los demás! No los entregaré hasta que los haya convocado e interrogado sobre lo que estos hombres dicen de ellos. Si es como han dicho, entonces los pondré a su disposición para que los devuelvan a su gente. Pero si no, seré su buen protector mientras en mí busquen refugio." Entonces
envió por los compañeros del Profeta y,
al mismo tiempo, reunió a sus obispos,
que se trajeron sus libros sagrados y los
dispusieron abiertos alrededor del trono.
Amr y su compañero enviado habían
esperado evitar esta reunión entre el
Negus y los refugiados, y les interesaba
impedirla, incluso más de lo que ellos
suponían. Ignoraban que los abismos,
aunque los toleraban por razones políticas
y comerciales, los miraban por encima del
hombro como idólatras y eran conscientes
de la existencia de una barrera entre
ellos. Ellos, que eran cristianos muchos
de ellos fervientes, que habían sido
bautizados, adoraban al Dios Uno y
llevaban en su carne el sacramento de la
Eucaristía. Como tales, eran sensibles a
la diferencia entre lo sagrado y lo
profano, y eran plenamente conscientes de
la profanidad de hombres como Amr. Por lo
mismo fueron tanto más receptivos
-ninguno más que el mismo Negus- a la
impresión de bendita seriedad e
intensidad que la compañía de los
creyentes les produjo. Éstos fueron
introducidos en la sala del trono, y un
murmullo de admiración surgió de los
obispos y de los otros cuando reconocieron
que allí tenían ante sí a hombres y
mujeres más semejantes a ellos mismos que
a los qurayshíes que habían encontrado
con anterioridad. Además, la mayoría de
ellos eran jóvenes y en muchos de ellos
una gran belleza natural realzaba su porte
piadoso. Los intérpretes reales tradujeron todo lo que había dicho. El Negus preguntó entonces si tenían con ellos alguna Revelación que su Profeta les hubiera dado del Dios Uno, y cuando Yafar contestó que sí tenían, dijo: "Entonces, recítamela." Y Yafar recitó un pasaje de la Azora de María. Era una azora llena de belleza, que había sido revelada poco antes de su partida: Y recuerda a María en la Escritura cuando dejó a su familia para retirarse a un lugar hacia el Oriente y se ocultó de ellos. Le enviamos nuestro Espíritu y Éste se le presentó como un mortal perfecto. Dijo ella: Me refugio de ti en el Infinitamente Bueno, si eres piadoso. Dijo Él: Yo soy sólo el enviado de tu Señor para regalarte un niño puro. Ella dijo: ¿Cómo puedo tener un niño, si no me ha tocado mortal ni he perdido la castidad? Pero Así será, le respondió. Tu Señor dice: Es cosa fácil para Mí. Para hacer de Él un signo para la gente y una misericordia de Nosotros. Está ya decidido. (XIX, 16-21) El Negus lloró, y lo mismo hicieron sus obispos, al escucharlo recitar, y cuando se tradujo lo recitado volvieron a llorar, y el Negus dijo: "Verdaderamente esto procede de la misma fuente que lo que Jesús trajo." Entonces se volvió hacia los dos enviados del Quraysh y dijo: "Os podéis marchar, porque por Dios no os los voy a entregar; no serán traicionados." Pero
cuando se retiraron de la presencia real,
Amr dijo a su compañero: Mientras tanto, las noticias de lo que el Negus había dicho sobre Jesús se difundieron entre el pueblo, que, perturbado, se declaró contra él, pidiendo una explicación y acusándolo de haber abandonado su religión. Él, entonces, envió a Yafar y a sus compañeros y dispuso botes para ellos y les dijo que embarcasen y estuviesen dispuestos a hacerse a la vela si fuese necesario. Luego cogió un pergamino y escribió en él: "Él da testimonio de que no hay dios sino Dios y que Muhammad es Su siervo y Enviado y que Jesús el hijo de María es Su siervo y Enviado y Su Espíritu y Su palabra que Él depositó en María." Luego lo guardó bajo su túnica y salió ante su gente, que se había congregado para entrevistarse con él. Y les dijo: "abisinios! ¿No tengo yo el mayor derecho para ser vuestro rey?" Dijeron que lo tenía. "Entonces, ¿qué pensáis de mi vida entre vosotros?" "Ha sido la mejor de las vidas", respondieron. "Luego ¿qué es lo que os preocupa?", dijo él. "Has abandonado nuestra religión", dijeron, "y has sostenido que Jesús es un esclavo." "¿Qué decís, entonces, vosotros de Jesús?", les preguntó. "Decimos que es el hijo de Dios", contestaron. Entonces él se puso la mano en el pecho, señalando hacia donde estaba oculto el pergamino, y dio testimonio de su creencia en "esto", lo cual consideraron que se refería a las palabras de ellos. (1.1.224). Quedaron pues satisfechos y se marcharon, porque vivían felices bajo su gobierno y sólo deseaban ser tranquilizados. El Negus, entonces, envió un mensaje a Yafar y sus compañeros diciéndoles que podían desembarcar y regresar a sus moradas, donde siguieron viviendo como antes, con seguridad y bienestar. |
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