Muhammad,
su vida
basada en las fuentes más antiguas
Capítulo 26Tres preguntas |
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En cada asamblea del Quraysh no faltaba alguna discusión acerca del que consideraban su mayor problema; y ahora decidieron enviar una delegación a Yathrib para consultar a los rabinos judíos: "Preguntadles acerca de Muhammad", dijeron a sus dos emisarios. "Describídselo, y decidles lo que dice, porque ellos son la gente de la primera Escritura y tienen un conocimiento de los Profetas que nosotros no tenemos ' Los rabinos enviaron la respuesta: "Preguntadle sobre las tres cosas en las que os instruiremos. Si os habla de ellas, entonces es un Profeta enviado por Dios, pero si no, entonces el hombre es un falsario. Preguntadle sobre unos jóvenes que abandonaron a su gente en la antigüedad. Qué les sucedió, por qué de ellos se cuenta una historia asombrosa. Y pedidle noticias de un viajero a distantes lugares, que por el este y el oeste llegó a los confines de la tierra. Preguntadle por último sobre el Espíritu, qué es. Si os cuenta todas estas cosas, entonces seguidle, porque es un Profeta." Cuando los enviados volvieron a la Meca con sus nuevas, Tos líderes del Quraysh enviaron al Profeta las tres preguntas. Él dijo: "Mañana os lo contaré", pero no dijo "Si Dios quiere"; y cuando vinieron a por las respuestas tuvo que aplazaras, y así continuó día tras día hasta que hubieron pasado quince noches y todavía no había recibido Revelación alguna ni Gabriel le había visitado desde que le habían planteado las preguntas. La gente de la Meca se mofaba de él, y él estaba afligido por lo que decían y enormemente entristecido porque no había recibido la ayuda que esperaba. Entonces Gabriel le trajo una Revelación que Te reprochaba su aflicción por lo que su gente decía, y le daba las respuestas a las tres preguntas. La larga espera que había tenido que soportar se explicaba en estas palabras: Y no digas a propósito de nada: Lo haré mañana, a no ser que añadas: Si Dios quiere. (XVIII, 23-24). Pero
el retraso de esta Revelación, aunque
doloroso para el Profeta y sus seguidores,
fue en realidad una fuerza añadida. Sus
peores enemigos se negaron a sacar
conclusiones de ello; pero para los
numerosos qurayshíes que no sabían con
qué carta quedarse supuso el poder
corroborar con fuerza la afirmación de
Muhammad: que la Revelación le venía del
Cielo y que Él no tenía parte ni control
sobre ello. ¿Era posible que si Muhammad
había inventado las anteriores
Revelaciones se hubiese retrasado tanto a
la hora de forjar esta última,
especialmente cuando parecía que había
tanto en juego? Además de lo que los judíos ya sabían, la narración coránica (XVIII, 9-25) contaba detalles que ningún ojo humano había visto, tales como su apariencia mientras dormían su sueño libre de testigos en la cueva, durante siglos, y cómo su fiel perro yacía en el umbral con las patas delanteras extendidas. En
cuanto a la segunda cuestión, el gran
viajero se llama Dhu-l-Qarnayn, el de los
dos cuernos. La Revelación menciona su
viaje al confín del occidente y al confín
del oriente. Luego, respondiendo más de
lo que se preguntaba, el Profeta habló de
un misterioso tercer viaje a un lugar
entre dos montañas; allí, la gente le
pidió que levantase una barrera para
protegerlos de Gog y Magog y otros "yins"
que estaban devastando su tierra; Dios le
dio poder entonces para confinar a los
malos espíritus dentro de los límites de
un espacio del cual no saldrán hasta un día
fijado por Dios (XVIII, 93-99), cuando,
según el Profeta, efectuarán una
terrible destrucción sobre la faz de la
tierra. Su irrupción tendría lugar antes
de la Hora final, pero sería una de las
señales de que el fin estaría cerca. Los judíos habían ansiado oír las respuestas dadas por Muhammad a sus preguntas, y, respecto a esta última frase sobre el conocimiento, en cuanto tuvieron ocasión le preguntaron si se refería a su pueblo o a ellos. "A ambos", dijo el Profeta, ante lo cual objetaron que a ellos les había sido dado el conocimiento de todas las cosas, porque habían leído la "Torah", en la que había una exposición de todas las cosas, como el Corán mismo afirmaba (VI, 154). El Profeta respondió: Eso no es sino poco con respecto al Propio Conocimiento de Dios; sin embargo, en ello tenéis bastante para vuestras necesidades, silo practicáis." Fue entonces cuando se produjo la Revelación sobre las Palabras de Dios, que simplemente expresa una parte de Su conocimiento: Y si todos los árboles de la tierra fueran cálamos y el mar con siete mares añadidos a él fueran tinta no sería suficiente para escribir las Palabras de Dios. (XXXI, 27). Los líderes del Quraysh no se sintieron obligados a seguir el consejo de los rabinos, ni los mismos rabinos reconocieron al Profeta, a pesar dé haber respondido a sus preguntas más allá de lo esperado. Aun así, las respuestas sirvieron para convertir a otros; y cuanto más aumentaban sus seguidores mayor era el sentimiento de sus oponentes de que su comunidad y su forma de vida estaban en peligro, a la vez que con una mayor resolución organizaban la persecución de todos los conversos que podían ser maltratados impunemente. Cada clan se encargaba de sus propios musulmanes: los encerraban y atormentaban golpeándolos y haciéndoles pasar hambre y sed; los extendían sobre la tierra endurecida por el sol de la Meca cuando éste estaba en su cenit para hacerles renunciar a su religión. El jefe de Yumah, Umayyah, tenía un esclavo africano llamado Bilal que era un firme creyente. Umayyah lo sacaba a mediodía a un espacio abierto y lo mantenía contra el suelo con una gran roca sobre su pecho, jurando que permanecería así hasta que muriese o renunciase a Muhammad y adorase a al-Lat y al-Uzzah. Mientras soportaba esto, Bilal decía: "Uno, Uno". Y sucedió que un día, cuando el esclavo estaba sufriendo este tormento, acertó a pasar por allí el anciano Waraqah, el cual no dejaba de oírle repetir: "Uno, Uno". "Ciertamente
es Uno, Uno, ¡Oh, Bilal!", dijo
entonces. Luego, volviéndose a Umayyah
dijo: "Juro por Dios que silo matas
así haré de su tumba un Santuario." Entre los más implacables perseguidores se encontraba Abu Yahl. Si un converso tenía una familia poderosa que lo defendiese, Abu Yahl solamente lo insultaba, prometía arruinar su reputación y hacer de él un hazmerreír. Si se trataba de un comerciante, lo amenazaba con paralizar sus transacciones organizando un boicot general de sus mercancías de modo que se arruinase. Si el converso era una persona débil y desprotegida de su propio clan, hacía que se le torturara, y tenía aliados poderosos en muchos otros clanes a los que podía persuadir para que hicieran lo mismo con sus pro-píos conversos débiles y carentes de protección. Por
mediación suya sus compañeros de clan
torturaron a tres de sus confederados
más pobres, Yasir y Sumayyah y su hijo
Ammar. Se negaron a renunciar al Islam, y
Sumayyah murió debido a las heridas que
le causa-ron. Pero algunas de las víctimas
de Majzum y de otros clanes no podían
aguantar lo que se les hacía sufrir, y
sus perseguidores lograban reducirlos a un
estado en el que podían asentir a
cualquier cosa. Les decían: "¿No
son al-Lat y al-Uzzah vuestros dioses al
igual que Allah?" y ellos contestaban
"sí", y si un escarabajo se
arrastraba delante de ellos y les
preguntaban: Estas
retractaciones eran de palabra, no de
corazón. Pero quienes las habían hecho
ya no podían practicar el Islam, salvo en
la mayor intimidad,-de la que muchos de
ellos carecían por completo. Sin embargo,
tenían un ejemplo en la historia
recientemente revelada de los jóvenes que
habían abandonado sus dioses. Y cuando el
Profeta vio que, aunque él estaba a salvo
de la persecución muchos de sus
seguidores no lo estaban, les dijo: |
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