Muhammad,
su vida
basada en las fuentes más antiguas
Capítulo 15Las primeras revelaciones |
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No
fue mucho después de esta señal externa
de su autoridad y su misión cuando comenzó
a experimentar poderosas señales
internas, además de las que ya había
sido consciente. Cuando le preguntaban por
éstas él hablaba de "visiones
verdaderas" que le venían durante el
sueño, y decía que eran "como el
despuntar de la luz del alba." (B. 1,
3) El resultado inmediato de estas
visiones fue que la soledad se le hizo
querida, y se iba para hacer retiros
espirituales a una cueva en el Monte Hira,
no lejos de las afueras de la Meca. No había
en esto nada que hubiera parecido al
Quraysh especialmente extraño, ya que
entre los descendientes de Ismael el
retiro había sido una práctica
tradicional y en cada generación había
habido uno o dos que se retiraban de
tiempo en tiempo a un lugar solitario para
poder pasar un período no contaminado por
el mundo de los hombres. De acuerdo con
esta práctica inmemorial, Muhammad se
llevaba provisiones y consagraba cierto número
de noches a la adoración de Dios. Luego
volvía con su familia y a veces, a su
regreso, cogía más provisiones y se
marchaba de nuevo a la montaña. Durante
estos pocos años a menudo sucedía que,
cuando había abandonado la ciudad y se
estaba acercando a la ermita, oía
claramente las palabras "La paz sea
contigo, ¡oh Mensajero de Dios!"
(1.1.151), y se volvía para mirar quién
hablaba, pero nadie había a la vista, y
era como si las palabras hubiesen salido
de un árbol o una piedra.
¡Recita en el nombre de tu Señor, el
que todo ha creado! Muhammad recitó estas palabras después del Ángel, que entonces lo abandonó, y dijo él: "Fue como si las palabras hubieran sido escritas en mi corazón." (1.1. 153). Pero temió que esto pudiera significar que se había convertido en un poeta inspirado por los "yins" o en un poseso. Así pues, abandonó la cueva, y cuando había recorrido la mitad de la ladera de la montaña escuchó una voz por encima de él, que decía: "¡Oh, Muhammad!, tú eres el mensajero de Dios y yo soy Gabriel." Levantó los ojos hacia el cielo y allí estaba su visitante, todavía reconocible pero ahora claramente como un Ángel, llenando todo el horizonte, y de nuevo dijo: "¡Oh, Muhammad!, tú eres el mensajero de Dios y yo soy Gabriel." El Profeta permaneció observando al Ángel; luego se apartó de él, pero dondequiera que mirase, ya fuese hacia el norte o hacia el sur, hacia el este o hacia el oeste, el Ángel estaba siempre allí, a horcajadas sobre el horizonte. Finalmente, el Ángel se volvió y el Profeta descendió la ladera y fue a su casa. "¡Arrópame! ¡Arrópame!" (B. 1, 3) le dijo a Jadiyah cuando con el corazón todavía palpitante se echó en el lecho. Alarmada, aunque sin atreverse a preguntarle, trajo rápidamente un manto y lo extendió sobre él. Pero cuando la intensidad de su temor hubo disminuido le contó cuanto había visto y oído. Después de haberlo tranquilizado con sus palabras, Jadiyah fue a hablar con su primo Waraqah, que ya era un anciano y estaba ciego: "¡Santo! ¡Santo!", dijo él. "Por Aquél en cuyas manos está el alma de Waraqah, le ha sido descendido a Muhammad, el mayor Namus, 1 el mismo que le vino a Moisés. Ciertamente, Muhammad es el Profeta de su pueblo. Que esté seguro." En consecuencia, Jadiyah se volvió a casa y le repitió estas palabras al Profeta, que, ahora con el ánimo pacificado, regresó a la cueva para poder cumplir el número de días de retiro que había ofrecido a Dios. Waraqah le dijo: "Cuéntame, ¡oh, hijo de mi hermano!, qué has vístó y oído." El Profeta se lo contó, y el anciano le volvió a decir lo que había referido a Jadiyah, pero esta vez añadió: "Se te llamará mentiroso y serás maltratado, te expulsarán y te harán la guerra, y, si yo vivo para ese día, Dios sabe que apoyaré Su causa." (1.1.153-4). Luego se inclinó hacia él y le besó la frente, y el Profeta regresó a su casa. Las
noticias tranquilizadoras de Jadiyah y
Waraqah fueron seguidas por una reafirmación
procedente del Cielo en la forma de una
segunda Revelación. La manera de
producirse no se ha registrado, aunque al
preguntarle cómo le venía la Revelación
el Profeta mencionó dos formas:
"Algunas veces me viene como el
retumbar de una campana, y ésa es la más
dura para mí; cuando me he enterado de su
mensaje disminuye el estruendo. Y a veces
el Ángel toma la forma de un hombre y me
habla, y yo soy consciente de lo que me
dice." (B. 1, 3.) Nun. Por el cálamo y lo que escriben, no eres ningún poseso por la gracia de Tu Señor. Tuya será una recompensa sin límites y verdaderamente magnánima es tu naturaleza. (LXVIII, 1-4). Después de la llegada de los primeros Mensajes hubo un periodo de silencio. El profeta comenzó a temer si habría incurrido en algún tipo de desagrado del Cielo, aunque Jadiyah le decía continuamente que eso no era posible. Entonces, al fin, el silencio se rompió y llegó una nueva reafirmación, y, con ella, el primer mandato directamente relacionado con su misión: ¡Por
la brillantez de la mañana, y por la
noche cuando está tranquila! Tu Señor no
te ha abandonado ni aborrecido, y para ti
será mejor la última que la primera,2 y
Tu Señor te dará y quedarás satisfecho.
¿No te encontró huérfano y te amparó,
y te encontró extraviado y te guió, y te
encontró necesitado y te enriqueció? Al
huérfano, pues, no lo oprimas. Al mendigo
no lo rechaces, y proclama la gracia de tu
Señor."(XCIII). |
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