Muhammad,
su vida
basada en las fuentes más antiguas
Capítulo 1La Casa de Dios |
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EL
Libro del Génesis nos cuenta que Abraham
no tenía hijos, ni esperanza de
descendencia, y que una noche Dios lo llamó
fuera de su tienda y le dijo: "Mira
al cielo y cuenta, si puedes, las
estrellas." Y mientras Abraham
contemplaba las estrellas oyó que la voz
decía: "Así de numerosa será tu
descendencia." (15:5). La
esposa de Abraham, Sara, tenía entonces
setenta y seis anos, habiendo sobrepasado
hacía ya tiempo la edad de tener hijos,
mientras que él contaba ochenta y
cinco; ella le dio, pues, su esclava
egipcia Agar para que pudiera tomarla
como segunda esposa. Pero surgió el
resentimiento entre la señora y la
esclava, y Agar huyó de la cólera de
Sara y clamó a Dios en su aflicción. Y
Dios le envió un ángel con el mensaje:
"Yo multiplicaré tu descendencia,
que por lo numerosa no podrá
contarse." El ángel también le
dijo: "Mira, has concebido y parirás
un hijo, y lo llamarás Ismael; porque ha
escuchado Dios tu aflicción."
(16:10-11>. Entonces Agar regresó con
Abraham y Sara y les contó lo que había
dicho el ángel y, cuando tuvo lugar el
parto, Abraham puso por nombre a su hijo
Ismael, que significa "Dios oirá". Cuando
el muchacho alcanzó la edad de trece años,
Abraham estaba en su centésimo año y
Sara tenía noventa años; entonces Dios
habló de nuevo con Abraham y le prometió
que Sara también le daría un hijo que se
debería llamar Isaac. Temiendo que su
hijo primogénito pudiese perder por ello
el favor a los ojos de Dios, Abraham
suplicó: "Ojalá
que viva a tus ojos Ismael". Y
Dios le dijo: "También
te he escuchado en cuanto a Ismael. Yo /0
bendigo y lo convertiré en una gran nación
pero mi pacto lo estableceré con Isaac,
el que te parirá Sara el año que viene
por este tiempo." (17:20-21). Sara
dio a luz a Isaac y ella misma lo amamantó,
y cuando fue destetado, ella le dijo a
Abraham que Agar y su hijo no debían
permanecer por más tiempo en su casa.
Abraham se afligió profundamente por
esto, debido a su amor por Ismael; pero de
nuevo Dios le habló y le dijo que
siguiese el consejo de Sara, que no se
acongojase, y de nuevo le prometió que
Ismael sería bendito. No
una sino dos grandes naciones habrían de
mirar a Abraham como a su padre; dos
grandes naciones, esto es, dos poderes
guiados, dos instrumentos con los que
opera la Voluntad del Cielo, porque Dios
no promete como bendición lo que es
profano, ni hay ante Dios más grandeza
que la grandeza en el espíritu. Abraham
fue así la fuente de dos corrientes
espirituales, que no tenían que fluir
juntas, sino cada una en su propio cauce;
confió a Agar e Ismael a la bendición de
Dios y al cuidado de sus ángeles con la
certeza de que todo les iría bien. Dos
corrientes espirituales, dos religiones,
dos mundos para Dios; dos círculos, por
lo tanto dos centros. Un lugar nunca es
sagrado por la elección del hombre, sino
porque ha sido elegido en el Cielo. Había
dos centros sagrados dentro de la órbita
de Abraham: uno de ellos estaba cerca, el
otro posiblemente todavía no lo conocía;
y fue a este otro al que Agar e Ismael
fueron guiados, en un valle yermo de
Arabia a unos cuarenta días de camello
al sur de Canaán. El valle se llamaba
Becca, dicen. algunos que a causa de su
angostura; se halla circundado de colinas
por todas partes excepto por tres pasos,
uno al norte, otro al sur y un tercero que
se abre hacia el Mar Rojo, que se
encuentra a cincuenta millas al oeste. Los
libros no nos cuentan cómo Agar y su hijo
alcanzaron Becca; quizás algunos viajeros
los recogieron. El valle se encontraba en
una de las grandes rutas de caravanas,
llamada, generalmente, "la ruta del
incienso", pues el perfume, el
incienso
y otras mercancías semejantes del Sur de
Arabia llegaban al Mediterráneo por
este camino. Sin duda, Agar fue guiada
para que abandonase la caravana, tan
pronto como llegaron al lugar. No
transcurrió mucho tiempo antes de que
madre e hijo fueran vencidos por la sed,
hasta el extremo de que Agar temió que
Ismael se estuviese muriendo. Según las
tradiciones de sus descendientes, Ismael
clamó a Dios desde donde yacía en la
arena, y su madre se colocó sobre una
roca al pie de un promontorio cercano para
ver si se divisaba alguna ayuda. Al no ver
nada, se apresuró hacia otra atalaya,
pero desde allí tampoco se veía ni un
alma. Medio enajenada, pasó en total
siete veces de un punto al otro, hasta que
al final de la séptima carrera, cuando se
sentaba para descansar sobre la roca más
distante, el Ángel le habló. En palabras
del Génesis: Y
oyó Dios la voz del niño, y el ángel de
Dios llamó a Agar desde los cielos,
diciendo: "¿Qué tienes, Agar? No
temas, que ha escuchado Dios la voz del niño
que aquí está. Levántate, toma al niño
y cógele de la mano, pues he de hacerle
un gran pueblo." Y abrió Dios los
ojosa Agar, y ella vio un pozo. (21:17-20) El
agua era un manantial que Dios hizo brotar
de la arena al toque del talón de Ismael;
a partir de entonces, el valle se convirtió
pronto en un alto de caravanas, a causa de
la excelencia y abundancia del agua, y a
la fuente se la llamó Zamzam. En
cuanto al Génesis, es el libro de Isaac y
sus descendientes, no de la otra línea de
Abraham. De Ismael nos dice: Fue
Dios con el niño, y creció y habitó en
el desierto, y de mayor fue arquero. (21-20).
Después de eso apenas menciona su nombre,
excepto para informarnos de que los dos
hermanos, Isaac e Ismael , juntos
enterraron a su padre en Hebrón y que,
algunos años más tarde, Esaú se casó
con su prima, la hija de Ismael. Podemos
encontrar un elogio indirecto de Ismael y
de su madre en el Salmo que comienza ¡Cuán
amables son Tus moradas, oh Señor de las
Huestes!, en el que se explica el
milagro de Zamzam como consecuencia del
paso de Ismael y su madre por el valle: Bienaventurado el hombre que tiene en ti
su fortaleza y anhela frecuentar tus
subidas. Aun pasando por el árido valle
de Beca, se le hace todo fuentes. (Salmo
84: 5-6) Cuando
Agar e Ismael llegaron a su destino, a
Abraham todavía le quedaban setenta y
cinco años de vida, y visitó a su hijo
en el lugar sagrado hacia el que Agar había
sido guiada. El Corán nos cuenta que Dios
le mostró el sitio exacto, cerca de la
fuente de Zamzam, sobre el cual Ismael y
él tenían que levantar un santuario (Corán,
XII, 26) y se les dijo cómo tenía que
construirse. Su nombre, Kaabah,
cubo, se debe a su forma, que es
aproximadamente cúbica, y sus cuatro
esquinas apuntan a los cuatro puntos
cardinales.
Pero el objeto más sacro de ese lugar
sagrado es una piedra celestial que, se
dice, un ángel trajo a Abraham desde la
cercana colina de Abu Qubays, donde había
sido conservada desde que llegó a la
tierra. "Descendió del Paraíso más
blanca que la leche, pero los pecados de
los hijos de Adán la hicieron
negra." (Dicho del Profeta, Tir. VII,
49. Véase la clave de referencias, p.
395). Colocaron esta piedra negra en la
esquina oriental de la Kaabah y, cuando el
santuario estuvo terminado, Dios habló
nuevamente a Abraham y le ordenó
instituir el rito de la Peregrinación a
Becca o la Meca, como más tarde vino a
llamarse: ¡Purifica
mi casa para los que la circunvalan y para
los que están de pie, y para los que se
inclinan y prosternan! ¡Y proclama a los
hombres la peregrinación para que vengan
a ti, a pie o montados en flacos camellos,
venidos de pasos anchos y profundos. (Corán,
XXII, 26~27). Ahora
bien, Agar había contado a Abraham cómo
buscó ayuda. Abraham entonces, como parte
del rito de la Peregrinación, estableció
que los peregrinos recorrieran siete
veces la distancia entre Safá y Marwah,
como habían pasado a llamarse los dos
promontorios entre los que ella había
corrido. Más
tarde, Abraham hizo la siguiente plegaria,
quizás estando en Canaán, mirando en
torno suyo hacia los ricos pastos y los
campos de cereales y trigo: ¡Señor! He establecido a una parte de mi
descendencia en un valle sin cultivar,
junto a tu Casa Sagrada...! ¡Inclina
hacia ellos los corazones de los hombres!
¡Provéelos de frutos! Quizás, así,
sean agradecidos. (XIV, 37). |
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