Epílogo
El Contrato de Hermandad.
Imam Al–Gazzali




  EN ÉL ENUMERAMOS las formas de interrelación social y de sentarse en compañía de las distintas clases de hombres.

Si deseas una buena vida social ten buena disposición hacia tu amigo y hacia tu adversario, sin innecesaria humildad o miedo, con dignidad libre de orgullo y modestia sin humillación. En todas tus transacciones toma el camino del medio, porque ambos extremos de conducta son censurables.

No te comportes con arrogancia o te muevas de aquí para allá. No te distraigas en las asambleas y cuando estés sentado no te revuelvas nervioso. Ten cuidado de no distraerte en cosas tales como entrelazar los dedos, jugar con la barba o el anillo, hurgarte los dientes o pellizcarte la nariz; cuida de no escupir en sitios indebidos, sonarte ruidosamente la nariz, estirarte y bostezar en la cara de la gente y en momentos como la oración.

Procura estar sentado tranquilamente y hablar de forma ordenada y equilibrada. Escucha las buenas palabras de quien te habla sin mostrar demasiada extrañeza. No le pidas que repita lo que ha dicho.

Evita contar chistes e historias. No hables del apego que sientes por tus hijos, por tu mujer, por tu poesía, por tu prosa u otros asuntos personales.

No te adornes con afectación al estilo de las mujeres. No imites los modales extravagantes. Cúidate de usar demasiado kohl, cremas o aceites.

No expreses tus necesidades. No animes a nadie a cometer errores.

No dejes que tu mujer e hijos –cuanto menos otros– conozcan el alcance de tu fortuna. Pues si la consideran pequeña, les parecerás pobre; si grande, nunca conseguirás satisfacerles. Hazles temer sin crueldad y sé suave con ellos sin debilidad.

No bromees con tus siervos, porque si lo haces te perderán el respeto.

Si pleiteas, conserva tu dignidad, ponte en guardia contra tu ignorancia, evita la prisa innecesaria y piensa en tus pruebas. No gesticules mucho con las manos y no te vuelvas hacia los que están detrás tuya. No te pongas de rodillas. Habla cuando hayas controlado tu ira.

Si un gobernante se acerca a ti, muévete como si estuvieras en la punta de una espada. Si es un familiar, no está garantizado que no se volverá contra ti. Sé agradable con él como lo serías con un muchacho y dile cosas que le gusten, siempre que no sea nada malo. No permitas que su bondad te induzca a entrar en su hogar, mezclándote con su esposa, hijos y sirvientes, aunque te considere con derecho a hacerlo. Porque la caída de quien se entromete entre un rey y su mujer es una caída que no tiene arreglo y un desliz injustificable.

Ten cuidado con el amigo de los buenos tiempos porque es el enemigo de los enemigos.

No pongas tu riqueza por encima de tu honor.

Si entras en una sesión, lo correcto es saludar primero, dirigiéndote a quien tiene preferencia, sentarte donde haya sitio y en el lugar más humilde, saludar deseando la Paz a los que están cerca. No te sientes en el lugar de paso.

Una vez sentado lo correcto es bajar los ojos, ayudar al equivocado, sostener al apenado, ayudar al débil, dirigir al extraviado, devolver el saludo, dar al mendigo, apoyar lo bueno y prohibir lo malo, encontrar el lugar apropiado para escupir y no hacerlo hacia la qi'bla ni hacia la derecha, sólo hacia la izquierda o bajo el pie izquierdo.

No te sientes en compañía de reyes, pero si lo haces, la manera es renunciar a la calumnia y evitar la falsedad, guardar los secretos, manifestar pocos deseos, refinar tus palabras y conversar en el estilo apropiado a su categoría, mostrar poca frivolidad y mucha precaución –aunque te muestren afecto. No eructes en su presencia ni te hurgues los dientes después de comer.

Es obligación del rey soportar cualquier cosa excepto la divulgación de los secretos, el delito de lesa majestad y el sacrilegio.

No te sientes en compañía de personas vulgares, pero si lo haces, lo correcto es evitar entablar conversación, prestar poca atención a sus falsas alarmas, ignorar el mal lenguaje al uso entre ellas y limitar su contacto a lo imprescindible.

Cúidate de gastar bromas pesadas al inteligente y al que no lo es, porque el inteligente sentirá rencor hacia ti, mientras que el licencioso se envalentonará en contra tuya. Bromear falta al respeto y desprestigia. Lleva al rencor y elimina la dulzura del afecto. Echa a perder el entendimiento del perceptivo y envalentona al disoluto. Nos rebaja frente al sabio y desagrada al piadoso. Es la muerte para el corazón y aparta del Señor (Alabado sea). Acarrea negligencia y una herencia de humillación. Hiere los corazones y mata las mentes. Multiplica los fallos y hace evidentes las faltas. Se ha dicho:

Sólo hay bromas pesadas desde la locura o desde la insolencia.

Quien se vea afligido en una sesión por las chanzas o la charlatanería debe recordar a Allah cuando se levante. El Profeta (que Allah le bendiga y le dé Paz) dijo:

– Quien se sienta en una sesión y parlotea mucho debe decir, antes de levantarse de su asiento "¡Gloria a Ti, oh Señor! ¡Contigo la alabanza! ¡Testifico que no hay más Dios que Tú! ¡Pido tu perdón y me arrepiento ante Ti!.

Seguramente El le perdonará por lo que ha pasado en esa sesión.